La respuesta es No.
Tenemos unas “pequeñas” diferencias biológicas a las que llamamos SEXO. Nuestro sexo es “varón”o “hembra”.
Y tenemos “grandes” diferencias adquiridas social y culturalmente llamadas “GÉNERO”. Nuestro género es “femenino” o “masculino”.
Uno de los problemas a los que nos enfrentamos las organizaciones feministas a la hora de combatir la desigualdad son los prejuicios existentes con respecto al término feminismo. Las personas siguen asociándolo al antónimo de machismo, pese a que la R.A.E hace tiempo que recoge la acepción de este término de “Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”.
Resignificar el término feminismo.
Posicionar la lucha feminista en un lugar de reconocimiento.
Visibilizar las aportaciones realizadas a la igualdad por el feminismo.
Reconocer la labor de personas feministas implicadas en la lucha.
. Es habitual oír la frase “ni un extremo ni el otro, ni feminista ni machista, sino iguales”.
Entendemos que esto es consecuencia del desconocimiento del término y de la invisibilización cultural de los avances del feminismo.
En otro sentido, la imagen denostada del feminismo también pasa por formar en “buenas prácticas feministas”. Por ello el relevo generacional demanda un reconocimiento de los logros alcanzados por “el linaje feminista” y por la necesaria transmisión de información e historias de vida por parte de “feministas históricas”.
